12.23.2008

Gravedades


Yo soy un tipo alegre, en serio,
lo que pasa es que no soy optimista.
Un optimista, a la larga,
es un idiota
que se acaba por quedar sin fundamentos.

Es esa maldita gravedad de cada cosa
su 9´8
sique pareciéndome
demasiada buena nota.
Y es que no se puede estar tranquilo
ni sentado debajo de un manzano;
la cuestión es machacarnos la cabeza.

Así que ya puestos
prefiero ser yo el que salta
antes que me empuje mano alguna
por ilustre o inevitable que ésta sea.

Saltar
saltar modestamente
una vez detrás de otra
sin pretender ganarle al suelo la batalla.
En eso se resume:
saber que vivir son sólo esos ratitos
en los que uno está en el aire.

Que cada cual
aterrice como pueda.

12.18.2008

Váho

Mis plantas crecen
en el único ángulo con luz, se contentan
con la claridad pobre de noviembre
y miran verdes,
calentitas,
los árboles fríos de la calle
con su lencería otoñal
en todas las gamas de dorados.

Es otra manera
de ver pasar el tiempo.

Yo lo empleo en mirar a la ventana
en observar
cómo se va empañando poco a poco
con un váho de tarde de instituto
o de condensación de aliento de autobuses
en reminiscencias de un pasado
no del todo alegre

Noviembre
siempre ha sido un mes difícil.

Mientras tanto mis plantas crecen
la noche se adelanta
y todo sería diferente
si me quedara alguna excusa
para olvidar por un momento el mundo
acercar mi dedo a los cristales
y allí
pintar tu nombre.

12.04.2008

Tus escaleras


Por el ruido de mis pies en la madera
el ahogo hasta el tercero
los tumbos de madrugada
tus caderas
escalando a un palmo de mi cara.
Los tropezones
la dudosa fiesta de llegar
la incertidumbre
de aquellos sesenta escalones
que llevaban del mundo hasta tu casa;
Subirlos, bajarlos,
estar vivo.

10.21.2008

Casi

Hay cierto lugar en todo esto,
determinadas horas o rincones
o copas de vino abandonadas
sucias encima de la mesa
donde el tiempo es latente
como un cerco rojo detenido.

A veces es una puerta entreabierta,
la visión de unos zapatos callados, el chasquido
del último interruptor antes de dormirse.
Después un silencio
la intermitencia roja en el cielo
de un avión que vuela en la noche
demasiado lejos.

Es a veces la sed de madrugada
el pasillo silencioso y oscuro,
la macabra luz de la nevera
o esa especie de tristeza que va dentro
de una cajetiila arrugada de Fortuna.

No sé bien cómo explicarlo
pero hay cierto lugar en todo esto
en el que casi te necesito.

Soneto malqueda

Podría decirte que hoy al levantarme
recordé tu piel de ayer sobre la mía.
Que sonreí, que me puse los zapatos
y que miraba el móvil a cada rato
para ver si me escribías.

Te podría decir que fue distinto,
que tus labios besaban en mi idioma,
que el tiempo se detuvo entre tus piernas
y que sentí como en el mar una galerna
que desbrozó por completo mis principios.

Te podría decir que cuento las horas
que me muero por verte
que tiemblo si me miras.

Podría decir que velo por tenerte
y muchas otras cosas
pero estaría sólo diciendo mentiras.